Palabras desde la cárcel:
los cuadernos inéditos de Alicia Kozameh

Ponencia presentada en el II Congreso Internacional Escritoras y Compromiso. Literatura Española e Hispanoamericana de los siglos XX y XXI, 27-30 de mayo de 2008. Universidad Autónoma de Madrid y Saint Louis University-Madrid Campus

(Actas del Congreso: en prensa)

Chiara Bolognese

… en la cárcel de Villa Devoto

un rayo de sol pasa lento por la celda

¿por qué se pasea este rayo de sol por acá?

Juan Gelman

 

“Fui apresada, con un par de horas de diferencia con el que en ese momento era mi compañero, el 24 de septiembre de 1975. Liberada con libertad vigilada –otra forma de arresto– el 24 de diciembre de 1978” (2002: 7) declara Alicia Kozameh en el prólogo de Pasos bajo el agua, su primera novela publicada en 1987. La escritora argentina permitió al equipo de investigadores del Centre de Recherches Latino-américaines de Poitiers escanear los dos cuadernos que escribió durante su detención en Villa Devoto (febrero de 1977- diciembre de 1978), para estudiarlos y dar a conocer su experiencia, y son éstos los que presentaremos aquí.

En primer lugar, hay que subrayar que Kozameh fue detenida antes de que empezara la dictadura de Jorge Rafael Videla (marzo de 1976- octubre de 1983) y que, en aquel entonces, las detenidas desconocían en parte lo que les podría pasar, cuánto tiempo permanecerían en la cárcel, o si terminarían asesinadas. En ese periodo de gran incertidumbre, como se desprende de la primera lectura de los cuadernos, resurgió en Kozameh el afán de escribir que ya se había manifestado en numerosos poemas, cuentos e intentos de novela que había escrito durante la niñez y la adolescencia [1].

En estas páginas intentaremos delinear qué son y cómo están estructurados dichos textos. Este esbozo nos permitirá comprender si en ellos se traza ya el perfil creativo y personal de la autora, ver si ese perfil se continúa en su obra posterior, y entender qué posición ocupan en su corpus narrativo. También nos detendremos en algunos elementos más puntuales que se encuentran en ellos.

En todo caso conviene tener presente que el origen de estos cuadernos responde a un contexto histórico crítico y muy determinado, y que ellos se enmarcan en un momento singular de la biografía de Alicia Kozameh.

  

Temas de los cuadernos

Para las detenidas no era fácil tener un cuaderno en la cárcel. De hecho, el segundo que Kozameh tuvo va acompañado de la autorización de los encargados de la censura. Asimismo, una vez obtenida la autorización no todo se podía confiar a sus páginas, porque el servicio de censura era muy minucioso en su análisis de lo que salía de la cárcel.

El material que constituye las páginas de los cuadernos de Kozameh es muy variado. Teniendo bien en cuenta los límites de toda clasificación, se puede, en cierta forma, reunir los escritos en cinco grupos:

 a) Las “cartas” [2] a sus padres y sus reflexiones [3], más o menos líricas. En ellas se ve claramente la conciencia de Kozameh acerca de su precocidad intelectual y de su curiosidad hacia la vida [4].

b) El relato de sus sueños [5] protagonizados por los familiares más cercanos. Entre éstos cabe mencionar algunos que proporcionan una idea de la angustia y del desbarajuste emocional que creaba el cautiverio. Kozameh transcribe un sueño en el que ella está con su padre y su hermana, una muchacha que en aquellas fechas ya había fallecido pero que en el sueño en cambio está viva [6]. También su compañero de entonces, Eduardo, tiene importancia en los sueños. Kozameh lo imagina demacrado, envejecido, “muy inconsciente de todo” [7].

c) Posteriormente hay un sueño en el que Eduardo está muerto, y otro protagonizado por éste y la misma autora mientras son sometidos al juicio de los militares (el llamado “consejo de guerra”) [8].

c) Sus poemas

d) Los dibujos que retratan a las personas del mundo de la cárcel y en particular a las compañeras –algunas de las cuales luego aparecerán como personajes de Pasos bajo el agua. Hay un dibujo que trae a la memoria el famoso cuadro de Edward Munch titulado “El grito”, y otro que es la imagen del cura San Fachón, terrible servidor del régimen. Hay algunos retratos de Eduardo delgadísimo y parecido a un esqueleto. En cambio, los dibujos que tienen a los niños como protagonistas son más alegres, ya que en efecto eran los pequeños quienes transmitían esperanza e ilusión a las presas políticas.

e) Las transcripciones de textos de teoría literaria o de fragmentos de obras de literatura. Hay muchos versos de poemas escritos por los exponentes de la generación española del 27, y bastantes artículos de crítica sobre la literatura argentina de la época, o acerca de la literatura extranjera interpretada por los críticos argentinos más destacados de entonces. Esta práctica se debía al temor a que el régimen eliminara todos los textos y finalizara así con éxito su proyecto de aniquilación completa del pensamiento.

 

Estructura y valor de los cuadernos

A través de la lectura cronológica de los dos cuadernos se aprecia el desarrollo emotivo e intelectual de la escritora. Las preocupaciones, el estilo y los temas son distintos en uno y en el otro.

El primero empieza el 7 de febrero de 1977 con algunos poemas, pero la página anterior, fechada el 25 de febrero de 1977, parece más la introducción, ya que la autora reflexiona sobre sí misma y acerca de la finalidad que tienen los cuadernos en cuestión: “quiero hacer buen uso de este cuaderno. Escribir como lo he hecho toda mi vida, mis poemas, mis cuentos. Leerlos, corregirlos, mejorarlos”. Al mismo tiempo la escritora argentina piensa que su estancia en la cárcel tendrá al menos una repercusión “positiva” ya que le servirá para madurar: “el encierro físico debe ayudarme a crecer en profundidad de espíritu. Porque el sol se levanta frente a nosotros, los encerrados, todos los días”. A los poemas les siguen los mencionados sueños que Kozameh solía tener en la cárcel. Luego están las reflexiones más personales, que preceden los dibujos, progresivamente más tristes, y por último están las “cartas” a/de los padres que ocuparán buena parte del segundo cuaderno.

Éste es más ensimismado, con párrafos de autorreflexión [9]. En él se percibe con más claridad la angustia debida al encierro: hay numerosas referencias a la larga duración de la reclusión y al miedo al porvenir. En la primera página, así como en muchas de las siguientes, hay fragmentos con cruces (FOTO 6) con las que Kozameh marcaba los textos que ya había copiado y enviado en forma de carta afuera de la prisión. Esto no se da en el primer cuaderno, tal vez porque ella no sentía tan cercano el peligro de verse despojada de él.

En este segundo cuaderno están transcritas también las tarjetitas que ella preparaba para los cumpleaños de las compañeras. Durante el encierro, en efecto, las presas otorgaban mucha importancia a las fechas, por una parte porque querían reconstruir cierto parecido con el “entorno familiar” en la cárcel, y por otra porque buscaban marcar el paso del tiempo y complicarles así a los carceleros su tarea de lograr que estas mujeres fueran perdiendo la percepción del tiempo y se desubicaran cada día más.

Es de destacar que las últimas páginas del segundo cuaderno están sueltas. Eso ocurre porque, llegado cierto momento, Alicia Kozameh se enteró de que le prohibirían llevárselo al salir en libertad. De ahí que su actitud hacia la escritura sufra un cambio, puesto que empieza a escribir pensando que, sea como sea, debe sacar afuera sus escritos. Por ello, tal vez, hay una primera parte más lírica y una segunda que delata una finalidad más concreta de escribir para proporcionar cierta clase de información a quien recibe los textos.

Los cuadernos son, pues, palabras escritas en la cárcel –los pasajes más líricos, como los poemas o algunas reflexiones muy personales– y desde la cárcel –lo que transcribe con la intención de sacarlo de Villa Devoto, salvándolo así del peligro de la aniquilación. Es de decir que aparte de camuflar sus reflexiones como si fueran cartas dirigidas a sus padres[10], Kozameh también copiaba las cartas que recibía por temor a que se las secuestraran impidiéndole así guardar recuerdo de su cautiverio.

  

El testimonio de una (futura) escritora

Las páginas que estamos analizando muestran una sensibilidad –literaria y humana– y un interés por la palabra escrita que confirman la vocación de escritora de Kozameh. Como ya se ha dicho, la autora escribía desde muy temprana edad, y en sus cuadernos da fe de ello, cuando, recordando esa época de su vida, dice que tenía “un cuaderno en el que volcaba en forma de poesía todo cuanto sentía y esperaba […] Mi frondosidad imaginativa me entusiasmaba […] Escribiendo gozaba […] y gozaba dibujando”.

En los cuadernos Kozameh retrata las situaciones que constituirán los ejes de su producción ficcional posterior [11]. Sin embargo, aquí lo que describe es real, todavía no ha pasado por el proceso de ficcionalización, que para ella, según declara en una entrevista, es también un proceso de elaboración de la terrible experiencia de la cárcel [12]. Resulta, pues, que estos cuadernos son su única obra de testimonio propiamente dicho, ya que nada aquí ha sido modificado por la imaginación. Representan el principio de la reflexión desde el encierro, tema con el que sigue después de haber salido del penal. Son el momento de inflexión, pues a partir de ellos no hay vuelta atrás en cuanto a temáticas, así como, desde el encierro no hay vuelta atrás como persona.

Y la autora parecía tener conciencia de la importancia, cara al futuro, de las páginas que estaba escribiendo ya en aquel entonces, como muestran las siguientes preguntas que se hace: “7-7-77 Dentro de 11 años ¿tendré en mis manos este cuaderno? […] Dónde estaré, con quién viviré […] qué pensaré, qué seré, qué seremos todos? ¿Qué será el mundo? ¿Habré escrito lo suficiente como para sentirme satisfecha?”. Unas palabras, estas últimas, que muestran, una vez más, que Alicia Kozameh sabía que su vida futura estaría ligada a la escritura.

Terminada la breve panorámica de los cuadernos, pasemos ahora a ver algunos otros aspectos significativos de ellos, para poder profundizar también en la relación que la autora establece entre su vida y su literatura.

  

Deseo y necesidad de escribir

Durante su detención, Kozameh meditaba a menudo acerca del significado de los cuadernos en cuanto lugar en donde transcribía o conservaba lo más importante para ella. Esto queda patente en la siguiente cita: “1.1.78. Demasiado tiempo dejo pasar sin escribir la fecha del día en el que vivo. Creo que me sucede el fenómeno lógico: me apoyo en la correspondencia. Escribo cartas, pero escribo. Hoy la intención primitiva no fue ésta, la de escribir. Fue la de guardar en mi cuaderno lo más querido. Esta corbatita…”. Los cuadernos representan su ámbito personal, quizás un rincón de privacidad en el espacio angosto de la celda. Posteriormente, Kozameh transformará la situación vivida en ficción literaria; sin embargo, aquí, la experiencia personal es la experiencia literaria. En la primera página del primer cuaderno (FOTO 1) dice que se encontraba “en franca simbiosis con una hoja de papel y una lapicera. Franca y absoluta y maravillosa simbiosis”: ella es escribir [13].

Los cuadernos dan cuenta de la evolución de la autora argentina en su proceso de asimilación de la época de la reclusión. Alicia Kozameh no hace mención directa de la situación política, sino que ésta, más bien, constituye el trasfondo para su escritura. Los textos ilustran su recorrido psicológico y sus primeras reflexiones sobre la condición de presa política; nos muestran que Kozameh concibe el arte como forma de sobrevivencia: ella se preservaba en la escritura, su espíritu se salvaba en esas páginas, al tiempo que empezaba a crear una parte de su memoria personal y de la memoria nacional. Acerca de este último aspecto, hay que decir que gran parte de lo que se sabe ahora sobre los acontecimientos de la dictadura se debe a los escritos de las presas políticas. Muchos de estos testimonios salieron de las celdas gracias al hecho de que las mujeres transformaron sus cuerpos literalmente en bibliotecas [14]. Los textos escritos y sacados clandestinamente fueron la única forma de comunicarse con el exterior y de dar a conocer lo que ocurría en la cárcel [15]. Las mujeres escribían para dejar constancia de que existían, y para mantener la integridad mental en las situaciones límite.

El lector de estos documentos asiste al desarrollo del concepto de nosotras, pronombre que ejemplifica el sentido de unidad en el colectivo femenino de todas y cada una de las mujeres presas políticas. Kozameh ya percibía que, a partir de entonces, sus compañeras de cautiverio y ella siempre estarían unidas por la terrible e inolvidable vivencia compartida durante esos años.

Los cuadernos afirman el valor de la escritura y de la cultura en la época de la llamada “guerra sucia”. Éstas se convirtieron en dos armas contra el poder, contra la violencia del régimen y contra el olvido. Alicia Kozameh ya en esa época tenía conciencia de esto; de ahí su búsqueda de precisión que evidencia en la práctica de numerar y fechar cada fragmento que escribía.

Leemos en el segundo cuaderno “mi debilidad es la escritura” [16], y se puede en seguida imaginar el sufrimiento y el sentimiento de aniquilación debidos a la privación de la posibilidad de escribir. A Kozameh no sólo le quitaron la libertad, sino también la oportunidad de reelaborar lo que le estaba sucediendo, pues, según expone “Entre las palabras escritas puedo asirme a la realidad”. Y, en otras páginas dice también:

 me duele la máquina de escribir arrancada desde tan adentro. Muero, muero de a poco, cuerpo desenraizado, carne desgarrada y destruida. Cerebro luchando por continuar con una latencia casi inerte. Neuronas displicentes, infelices, indiferentes. Lluvia de nada. Nada perceptible. Nada vivo […] Quisiera ser un ala para ser cuerpo volátil, parte de un pájaro […] muerto por un gato rabioso. Ala, sólo ala, sólo recuerdo ido[17].

  

Disposición general de los cuadernos

Se pueden además detectar tres núcleos en los cuadernos: la entrada en la cárcel, la fase de la reflexión, y la de la despedida.

1. En el primer núcleo es muy fuerte todavía el contraste entre los espacios dentro/fuera. Kozameh no cuenta nunca de algún hecho puntual que causara su detención; sólo en una ocasión dice “circunstancias adversas nos convierten en prisioneros del Estado”. La de la autora no es una escritura política, es más una escritura “humana”, de la solidaridad, del nosotras, y de testimonio. Evidentemente todo el compromiso y el riesgo que las presas políticas asumieron para que las noticias salieran de la cárcel tienen una fuerte connotación política, pero Alicia Kozameh en sus páginas no hace referencia directa a los hechos históricos [18].

2. El segundo núcleo es más introspectivo. Kozameh asume los hechos concretos y su condición de presa, además se pregunta acerca de su futuro. Se plantea cómo será la reintegración en el tejido social tras su liberación: “Volveremos un día al carnaval silencioso de la vida […] pero no seremos felices”. Es aquí donde subraya más el poder de la literatura y la función de la escritura: “volver al cuaderno significa volver a la vida”, una vida concebida ya desde la reclusión, como se plasma en las siguientes consideraciones: “es sumamente doloroso el experimento de la impotencia. Sólo dependo de Ustedes […] Cualquier infierno es preferible a este infierno. Y creo que ya lo recorrí lo suficiente”. Y luego sigue: “el dolor es demasiado más profundo que el que cualquiera pueda suponer”. Reconoce que está triste porque necesita la libertad “Extraño más que nunca la naturaleza, mi máquina de escribir […] añoro, extraño, deseo con fuerzas lo que no tengo y tuve”.

Es en esta parte donde se hace más claro el cambio de actitud de la escritora: quiere que se conozca la realidad de la cárcel, y anima a sus familiares para que persigan el objetivo de obtener el cambio desde fuera, les pide fortaleza. La angustia se hace más pesada, la larga duración del encierro comienza a hacerse notar. Son éstas las páginas en las que se percibe con mayor claridad la función tranquilizadora que desempeñan las “cartas” escritas para los cumpleaños y en ocasión de las despedidas, que ya hemos mencionado.

3. Son precisamente las “cartas” las que constituyen el tercer núcleo. Aquí se halla la página en la que la autora apunta que ha firmado la  libertad vigilada. Poco después empiezan las “cartas” de despedida de ella y de las compañeras. Son mensajes que, dice, “escribo aquí –como todo el que escribe algo- para no irme del todo. Escribo para que quien recibe sienta que en mucho quiero quedarme. Permanecer presente, permanecer viva en todo” [19]. En la página siguiente habla del “tremendo desgarramiento afectivo” que se debe también al miedo a olvidar o debilitar las relaciones humanas que se habían creado allí. En estos textos se percibe también un sentimiento de culpabilidad de Kozameh por ser la que sale, y se vuelve a subrayar la fuerza de los vínculos que se han desarrollado dentro: “La libertad me resulta forzada […] en un Devoto en el que no todo ha sido hostil” dice la autora. En efecto, fue la fuerza del conjunto lo que les permitió a esas mujeres sobrevivir, evitando que se cerraran a solas en su dolor. Por eso sufrían una fuerte angustia ante la idea de tener que encararse con la realidad exterior sin el apoyo del grupo.

Por último, es de señalar que, desde otra perspectiva, en los cuadernos se pueden vislumbrar tres ámbitos de reflexión [20]: el mundo exterior, el mundo de la cárcel y su mundo interior[21]. Precisamente de la existencia de estos distintos horizontes de referencia surgen las oposiciones en la forma de relacionarse de las presas con los demás y con la realidad en general: se crea una especie de fractura entre “el universo de los ex-presos políticos” y “el mundo de los demás”. Oposición que luego se vuelve a encontrar en la literatura de la posdictadura [22], protagonizada por individuos que viven su vida como si fueran espectadores de ella.

Y para terminar estas páginas dejemos que sean algunas palabras de la propia Alicia Kozameh las que nos abran el camino hacia nuevas consideraciones para el futuro. Dice la escritora: “Me muerdo los labios porque estoy imposibilitada de echar a volar. Pero cuando el vuelo sea mi ruta, cómo sobrevolaré el asfalto y los caminos del ripio, y cómo desapareceré en el silencio confuso, en la selva mágica de la soledad, en la línea a partir de la cual todo habrá quedado tan atrás!”. Luego imagina volar libre en ese cielo que sólo veían a través de altos ventanales inalcanzables: “Volar, volar para ser y no ser, volar para transformarse en eco, en aire”. Volar para volver a la libertad, para convertir la dura experiencia de la cárcel en literatura y lograr así difundir un mensaje para que lo que pasó y no debía haber pasado no vuelva a ocurrir.

 

Bibliografía

 

DIMO, Edith, Escribir una generación: la palabra de Alicia Kozameh, Córdoba, Alción, 2005.

GELMAN, Juan, Pesar todo: antología México, Fondo de Cultura Económica, 2001.

KOZAMEH, Alicia, Pasos bajo el agua, Córdoba, Alción, 2002.

-----------------, Patas de avestruz, Córdoba, Alción, 2003.

-----------------, Ofrenda de propia piel, Córdoba, Alción, 2004.

PIZARNIK, Alejandra, Obras completas, Buenos Aires, Corregidor, 1990.

PFEIFER, Erna (ed), Exiliadas, emigrantes, viajeras: encuentros con diez escritoras latinoamericas, Madrid- Frankfurt am Main, Iberoamericana-Vervuert, 1995.

-----------------, Aves de paso: autores latinoamericanos entre exilio y transculturación, Madrid- Frankfurt am Main, Iberoamericana-Vervuert, 2005.

REATI, Fernando, Nombrar lo innombrable: violencia política y novela argentina: 1975-1985, Buenos Aires, Legasa, 1992.

REATI, Fernando y Adriana BERGERO (comp), Memoria colectiva y políticas de olvido: Argentina y Uruguay, 1970 -1990, Rosario, Beatriz Viterbo Editora, 1997.

VV.AA., Nosotras, presas políticas: 1974-1983, Buenos Aires, Nuestra América, 2006.

 

Notas



[1] En una carta que me mandó el 13 de septiembre de 2008, Kozameh explica, en efecto, que ella había estado escribiendo textos a lo largo de toda su vida y siempre había intentado compaginar la escritura con la militancia política: “el afán de escribir en general […] existía en mí mucho antes de la cárcel. En un momento la intensidad de la militancia no me permitía escribir todo lo que yo necesitaba […] entonces apareció el conflicto escritura/militancia, aunque el hecho de comprender la necesidad de cambiar las cosas en mi país hizo que yo no lo pensara dos veces y prosiguiera militando y escribiendo poco”.

[2] La autora explica que, en realidad, no se trataba de verdaderas cartas sino más bien de las transcripciones de sus pensamientos estructurados como si fueran cartas para evitar el peligro de la censura.

[3] En una página del primer cuaderno hace un pequeño balance de su vida y declara que “sólo tiene esto que escribo abajo una mera utilidad práctica para mí misma”.

[4] El aspecto de la curiosidad luego será muy importante en la novela Patas de avestruz, contada desde el punto de vista de la pequeña y curiosísima Alcira –alter ego de la autora.

[5] Reati y Bergero en Memoria colectiva y políticas de olvido brindan importante información acerca de la función de los sueños durante las detenciones largas: éstos son el único espacio que no puede ser violado.

[6] La hermana mayor de Alicia Kozameh nació con una minusvalía debida a un problema durante el parto y  murió en 1970. La compleja relación entre las dos hermanas es el tema de la novela Patas de avestruz.

[7] Esto escribe en una página de los cuadernos en cuestión.

[8] La autora no fue sometida nunca a dicho “consejo de guerra”, pero éste era como una sombra que siempre estaba al acecho en sus días de detención.

[9] En la primera página habla de la condena del tiempo y de la simbiosis con la escritura (FOTO 1).

[10] En los cuadernos encontramos además algunas cartas al padre de una compañera con el que Alicia Kozameh intercambiaba reflexiones literarias, y otras a la madre de su compañero. Por lo menos eso es lo que entiende el lector que desconoce los códigos que utilizaban las presas; en realidad Kozameh explica que ella escribía la carta y luego su amiga la copiaba como parte de una suya, ya que no podían escribir a gente que no fuera familia muy cercana.

[11] Se nota en los cuadernos cierta intratextualidad. Algunas partes son esbozos de lo que luego vuelve en las obras de ficción de la autora. Por ejemplo, el tema de la luz y de la lluvia, así como algunas –pocas pero muy significativas– reflexiones sobre la hermana muerta.

[12] Cfr. “El juego ficcional atenúa el dolor, y la atenuación del dolor ayuda a expresar lo que lo provoca” (en Edith Dimo, Escribir una generación  91). La autora también declara que entiende los hechos cuando los elabora en “formas creativas”: la escritura es como la curación a través del juego ficcional (ibid.  95).

[13] Cfr. los siguientes versos de Pizarnik: “Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis, haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo, rescatando cada frase con mis días y con mis semanas, infundiéndole al poema mi soplo a medida que cada letra de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir” (1990: 300).

[14]Esta situación muestra cómo la coyuntura histórico-social puede dar pie a nuevos planteamientos culturales: se trata de un saber estrechamente vinculado con la historia, y que se difunde “clandestinamente” por medio de los cuerpos de las detenidas. Hay un cuento en el que la autora describe todas las estrategias para sacar material de la cárcel. Entre ellas está el vaginal que consistía en copiar textos en papelitos de liar cigarrillos y esconderlos en la vagina (cfr. Alicia Kozameh, Ofrenda de propia piel 16).

[15] Hay que recordar que a la cárcel no entraban ni periodistas ni miembros de organizaciones de los derechos humanos. Las pocas veces que alguien pudo entrar (sólo fue en Villa Devoto, la cárcel vidriera del régimen), éste se encontraba con una especie de “puesta en escena” de la vida carcelaria, ya que la reclusas estaban mejor tratadas. Además se las obligaba a  hacer sus declaraciones acerca de la situación en la cárcel en presencia de los militares, lo que les impedía, evidentemente, hablar con sinceridad y libertad.

[16] En otra ocasión dice que al salir quiere ver a la familia, a su marido pero sobre todo su máquina de escribir: “tengo dos amores fundamentales. Son la literatura y mi marido […] mi amor más fuerte es la máquina de escribir”.

[17] Tal vez el gato sea el régimen y los pájaros las detenidas. Los gatos reaparecen en Pasos bajo el agua y los pájaros en el relato “El encuentro. Pájaros”, que describe un encuentro entre expresas políticas.

[18] Es de recordar que el servicio de censura era muy fuerte en Villa Devoto, por lo cual la ausencia de la mención directa de los acontecimientos históricos y políticos se debe también al deseo de evitar ser censurada y al temor de las represalias.

[19] Es de subrayar el hecho de que precisamente cuando empiezan estas “cartas” la autora comienza a poner “Devoto” en el encabezamiento, quizás sea una ulterior muestra de su sentimiento de pertenencia.

[20] Se trata de elementos que también se encuentran en sus textos sucesivos y a los que se les va a añadir el tema del exilio.

[21] División en tres mundos que, según testimonian los psicólogos y sociólogos que se dedican a estudiar estas problemáticas, se da en la mente de muchos ex-presos políticos.

[22] Véase en esta óptica las novelas de Cristina Feijóo y de Mario Paoletti, entre otras.